San Telmo vuelve a posicionarse como distrito artístico

Cruzando la calle Venezuela, en la sofisticada galería Wussmann, que combina con sabiduría la venta de lápices y papeles de dibujo con las exhibiciones de arte, Nora Iniesta expone «La vida siempre sonríe», una extensa serie de collages que, desde el inicio
de la muestra, comienza por sembrar dudas acerca de la veracidad del título. Con su estilo pulido y una factura impecable, Iniesta trata de encontrar el sentido de las cosas y de ordenarlas -a su manera-, colocando a cada cual en el casillero que le corresponde.
Como en la vida real las cosas no siempre tienen sentido, y por lo general las tipificaciones o catalogaciones de la identidad humana suelen ser imprecisas, la búsqueda del orden perfecto se convierta en un trabajo ímprobo, que la artistas realiza con obsesión. Esta obsesión la lleva a recortar miles de personajes representativos de la diversidad del mundo.

Temática variada

Así, en cada uno de los cuadros elabora distintas composiciones, que tratan sobre la infancia, el sufrimiento, el dolor, la violencia, el mundo femenino, los temores, la ciudad, entre otros temas. Finalmente, la obra que le brinda el título a la muestra, «La vida siempre sonríe», trata sobre las clases sociales, que aparecen ordenadas con la precisión de un entomólogo, en sectores totalmente diferenciados.
La muestra culmina con unos enjambres cerrados en algunas obras que alcanzan la máxima tensión, pero el trabajo de Iniesta parece no tener límite. La ingenua pretensión de clasificar la sociedad en sectores felices o infelices, cultos o incultos, ricos o pobres, pero perfectamente reconocibles, le otorga paradójicamente a la exposición, una veracidad que reside en la genuina aspiración de encontrar el modo de que las cosas encajen en su debido sitio, aspiración que pareciera involucrar a la propia artista y a su obra. La exhibición deja cierto resabio melancólico, provocado en parte por la dificultad conceptual de la tarea, que se acentúa, además, por el clima que crean las imágenes retro, tomadas de revistas de las décadas del 50 y el 60.

Ana Martinez Quijano

Diario Ámbito Financiero
Buenos Aires, Lunes 21 de julio 2008
pág. 3/2ª sec.

Recuerdos de Eva
Con ojos pop, la muestra de Nora Iniesta

"Yo encuentro cosas", afirma Nora Iniesta. Y cuando dice cosas se refiere a fichas de dominó, bolitas de vidrio, cuentas de colores, alguna muñeca retro, alguna bandeja de panadería, estrellas y ángeles de cotillón navideño, títulos de programas de televisión, almanaques de bolsillo... Cosas que, para ella, son un hallazgo: consigue la mayoría de los materiales para su obra de camino a su taller de artista, en San Telmo.
Y esos elementos son los que pueblan (D)Evocación argentina, muestra sobre Eva Perón, hasta el 7 de julio, en el Museo Evita, Lafinur 2988. Un poco de collage y ensamble manual, otro de técnicas digitales, Iniesta trabaja la imagen de la ex primera dama según los recuerdos y las impresiones que obtuvo de ella durante su infancia.
" Cuando era chica tenía la idea de una Evita omnipresente, de alguien mágico", dice Iniesta, que tuvo su primer encuentro con este personaje de la historia argentina, aun hoy amado y odiado, a través de los textos escolares de su hermano mayor.
La muestra, resultado de la primera invitación a artistas a exponer en el museo, presenta cerca de 80 trabajos realizados desde 1990. Da la bienvenida una gran impresión digital sobre papel de 1,45 x 1,09 metros: en pequeño formato, supo ser una estampilla. En El mito, en tanto, la imagen tomada de la estampilla está rodeada de fichas de bingo, dados, corazones, estrellas y angelitos dorados, mientras que en Evita cotidiana, su retrato aparece sobre una bandeja de cartón de panadería, bordada con los colores patrios, todo en un marco dorado.
En otra sala espera la serie Evita maestra recorre el país: 39 pizarrones negros y verdes en los que la imagen de Eva y los símbolos patrios se intercalan con paisajes de provincias argentinas como Entre Ríos, Río Negro, Neuquén, Jujuy, Chaco y Tierra del fuego, por ejemplo.
En la última sala cuelga, entre otros trabajos, Kit nacional: un par de escarpines y un gorro de lana en celeste y. blanco para un país que, según dice la artista, "da sus primeros pasos y no deja de caminar".

Mercedes Monti
Foto: Platos, fichas de dominó, bolitas y una estampilla para El mito

Sólo para turistas

El 80% de las visitas al Museo Evita son extranjeras, indica Cristina Álvarez Rodríguez, presidenta del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Eva Perón y sobrina nieta de Eva Duarte, En esta época, el museo recibe un promedio de 200 visitas diarias, y 300 entre noviembre y mayo. Así, de martes a domingos, de 13 a 19, españoles, franceses, norteamericanos y alemanes caminan siguiendo las flechas, por los distintos pisos y desniveles de esta casa donde se exhiben, entre muchas otras cosas, recortes de diarios y objetos personales de Eva Perón, como guantes, sobreros de plumas y vestidos diseñados por Paco Jamandreu. La preciosa casa de estilo neo colonial que alberga al museo desde 2002, fue construida en 1923 por encargo de José María Carabassa, y adquirida en 1948 por la Fundación Eva Perón. A comienzos de este año fue declara Monumento Histórico Nacional por medio de un decreto del Poder Ejecutivo Nacional.

Mercedes Monti
Diario La Nación ESPECTÁCULOS
25 de mayo 2007
pág. 14

El espacio de la galería Insight Arte se adecua perfectamente a la exhibición de los trabajos de Nora Iniesta. El tono neutro de sus paredes permite apreciar en contraste los objetos que forman este conjunto de pequeñas representaciones cargadas de simbolismo.
Nora se vale del collage para manejar estas mínimas situaciones en grandes espacios. Una figurita de color pegada sobre una hoja blanca de papel es un viaje directo al corazón de la infancia. Formularios para el empresario, boletos de colectivo para el obrero, papel contra papel de dos mundos opuestos en los que nuestra artista presenta las diferencias. Y en este recorrido, pequeñas pistas nos orientan hacia la búsqueda de lo conceptual expresada de las más variadas formas. De manera premonitoria exhibe trabajos con abanicos realizados mucho antes de ser invitada a un simposio en el Yu Shun Art Museum de la ciudad de Harbin, China. Así, en las antípodas de la argentinidad, la artista nos acerca el mundo oriental a través de los objetos arquetípicos de su cultura masificados para el consumo occidental. Siglos de sabiduría y tradición son absorbidos por el mercado para transformar sus emblemas en asépticos adornos kitsh. Entre la reflexión y la sonrisa, la exhibición de los trabajos de Nora Iniesta nos habla de una artista que pone de manifiesto con inteligencia los productos que la cultura pomposamente encumbra y al mismo tiempo superficializa.

Julio Sapolnik
Arte al Día - Sección muestras
Pág. 8 - Año 16 N° 134
Mayo 2006, Buenos Aires

Nora Iniesta: the art of questioning things


Nora Iniesta has been working hard this summer. It is clear that she spent her time in her studio and not at the beach because the over thirty conceptual works this artist is displaying these days in Gallery Agalma Arte were all made in 2005. These not only refer to sadness caused by recent disasters but also address more general issues such al liberty, memories, history and innocence. Black (and burned?) hearts try to express the pain of those that have to live with the fact that loved ones died

because of Iniesta likes to stress the importance of an intellectual approach.


negligence and greed during a concert in the Cro-magnon nightclub while a statue of a wooden doll, a book and apple in his hands, stands for education. He has been put in acrylic case, in other words he is isolated, with coin at his feet. As Iniesta admits that artists in gneral, and she is no one exception to the rule, do question things it is quite possible that she criticises the relatively little money being spent in this country on such an important issue. Of course, everybody talks about its value and that it is the only bet worth talking for a better future but in practice things work out differently. Still, Iniesta likes to stress the importance of an intellectual approach saying that she learned a lot while reading and that is probavly why she has given the work `La lectura´ such a prominent place in the exibition. The artist also tells that she works in different ways, both painting and conceptual, and that she never mixes her output: “ My landscape are pretty abstract and monochromatic. They show another side of me and although I like to switch between one and the other. I would not exhibit my objects and paintings togheter.” It almost sounds as if the cerebral is not allowed to interfere with the manual. Indeed, Iniesta´s installations and collages emit a clean and sometimes empty, almost sterile, sensation because of the way they are presented. Maybe everything looks too perfect but then it is quit possible thet this estrangement is intentional. In fact all objects, which were bought over the years in various shops San Telmo, are taken out of context and jumbled together in various ways. Things that were been turned into other things and something new was created in the process. The eye of the artist is indeed a wonderful one because it is able to conjure up a whole new world and meanings with discarted objects. In shot, Iniesta has brought them back to life again and, maybe even more important, also manages to address many universal topics through her works.

Marjan Groothuis


Nora Iniesta (until the 15th of March) Gallery Agalma Arte Libertad 1389. Opening hours: Monday to Friday 12-20, Saturdays 11-13.30

Buenos Aires Herald
Art on Sunday
Sunday, March 13, 2005 page 11.

Reconstrucción de un amor


Un homenaje a Francia no podía ser de otro color que azul, blanco y rojo. Tampoco podía estar en otro lugar que en la Alliance Française, sobre todo por la relación tan potente y singular de esta nación con su lengua. Lo que no es tan seguro de prever es que la realizadora de esto sea Nora Iniesta, hasta por lo menos no ver su obra Bleu, Blanc, Rouge. Un hommage à la France. Porque en la galería de arte de la alianza francesa están colgados sus cuadros y cuadritos y si bien la francesidad está muchas veces representada desde varios ángulos: colores, palabras en francés, reminiscencias de su amorosa relación con esa tierra, su trabajo no es nada previsible. Es básico, eso sí. Pero en el sentido más interesante de la palabra y en su estrecha significación con lo que viene inmediatamente después de la nada. Ese paso posterior es la obra de Nora Iniesta: lo mínimo, lo esencial, lo indispensable que se necesita para empezar a pensar.

Retrato de una artista serial
La disposición de la obra en la sala blanca y profusamente iluminada a la que se accede por la escalera del hall central de la Alianza refuerza el carácter serial del trabajo. Pequeños cuadritos con marcos iguales que contienen palabras en francés que, a su vez, forman el abecedario se repiten en diminutos rectángulos con nombres de hombres y mujeres elegidos por azar o por gusto. Ambos se enfrentan con un otros cuadros que contienen un pañuelo en el que se puede leer los días de la semana y que están al lado de unas encantadoras bolsitas, como las de las compras pero como si la usuaria fuera una liliputiense, que exhiben en letras deseos para que se cumplan.
Lo que se repite, además, es el bordado en cursiva, en colores, de banderas, de nombres, de esperanzas y de sueños. Todas las piezas están atravesadas por los hilos que enhebran las agujas y que las manos hábiles de las mujeres despliegan sobre las telas. De ahí que el tramado de las palabras tenga su doble significación: su sentido en términos del lenguaje y su vínculo con lo artesanal y lo doméstico. Para Iniesta esto nunca estuvo separado y su labor de artista presupone e implica un quehacer doméstico: “No puedo pensar mi arte disociado del espacio de la casa y de las tareas que en ella se realizan. Bordar, en este caso, está íntimamente ligado con la manualidad y con los materiales más fáciles de encontrar en una casa: un pedazo de tela, hilos y aguja.”
Estos soportes cotidianos, como las bellísimas servilletas de hilo también bordadas, los bastidores y los cortapastas en forma de corazón crean un ambiente íntimo, casi como si esta artista estuviera haciendo pasar a su cocina o se sentara a conversar en la sala de su casa, mientras por la ventana se espía el patio. En su trabajo las ideas se van bordando y luego se arman de acuerdo a la teoría de los conjuntos: el abecedario, por un lado; las bolsas, por el otro. Los de fondo negro todos en un mismo cuadro y al lado, pero separados, los apellidos de artistas famosos como salpicados en una interminable servilleta formando un catálogo de gustos literarios, poéticos y cinematográficos.

Las palabras y las cosas
La alternancia del azul, el blanco y el rojo en distintas disposiciones adquiere la relevancia de los colores de la bandera francesa pero sin desconocer la categoría de primarios de, al menos, dos de los tres. Los principios, como la famosa libertad, fraternidad e igualdad, bordados en primarios dejan un poco de sonar a pura revolución francesa y se vuelven un souvenir de un viajante.
Algo de eso hay y la clave es la palabra que ejemplifica la letra K en el abecedario mencionado: kitsch. Bastardeada por el uso y el abuso, el nombrete suena peyorativo. Pero si nos volvemos puristas y honestos, algo en su definición es muy explicativo de lo que aquí sucede. Alejado del esteticismo snobista del camp, el kitsch recupera aquello que nunca tuvo valor estético y lo vuelve arte. Es un modo de relacionarse con los objetos y si para Susan Sontag, la definidora en cuestión, el camp sugiere un gesto ingenuo, su pareja semántica, el kitsch nada tendría de inocente. En cuanto a la obra de Iniesta la pulcritud y el cuidado de la realización no están en contacto con el mal gusto que sí establece correspondencia con el kitsch. Es posible ver el coqueteo entre ambos y tal como opuestos que se repelen, al tiempo que se atraen.

Corazón, corazón
Hay en el fondo del salón tres corazones colgados que portan el estandarte de la France. Son tan mullidos y parecen tan cómodos que da lástima que estén en la pared. Iniesta los deja para el final porque son el principio de otra cosa: “No puedo estar sin pensar y sin trabajar. Estos corazones son el motivo de mi próxima búsqueda. No sólo en la forma sino en una labor textil. Para esta muestra trabajé durante un año y como siempre pienso que me voy a quedar corta con la cantidad de obra, realizo mucho más de lo que los espacios permiten que cuelgue.”
Ese “desborde” y ese “exceso” fue sabiamente contenido por Rodrigo Alonso, el curador de esta muestra. Al mismo tiempo, los corazones hablan de un cariño particular de esta artista por Francia. Allí vivió largos años becada por el Gobierno Francés en los ochenta y este homenaje tiene algo de ese tiempo. Si el espíritu de la muestra es una declaración de amor a esa tierra y una entrega de arte a cambio de lo recibido, quien la visite también se lleva algo: dos cuadros cierran el recorrido y se despiden con un souvenir d´artiste, lo que es decir, un regalo y un recuerdo amable de quien hasta ahora parecía haberlo dado todo. Por su parte, el espacio que la recibe, la alianza francesa, puede sentirse satisfecha porque es una muestra bien pensada para ese ámbito que combina a la perfección con las erres imprecisas y cierto aire de sofisticación que exhala esa lengua.
Guiada por una refinada amalgama de colores y un delicado sentido del humor, esta artista trabaja desde la carencia: “Me produce una profunda contrariedad salir a comprar cosas para tener que hacer mis obras. Me gusta usar lo que tengo, lo que está en los cajones o guardado.” Hace un año que Iniesta está sacando de la baulera, revisando placards, desarmando, descosiendo, bordando y recordando. El resultado está a la vista de todos: las ideas tomaron forma de letras y las letras están tramadas en un juego de opuestos, encarceladas en bastidores, contrastando con su oponente semántico y dejándose leer entre telas y colores. Y cuando el bordado no las surca, igual están allí como en este corazón transparente que pide que no lo olviden. Después de verlo, quién sería capaz de semejante cosa.

La muestra permanecerá abierta hasta el 30 de abril en la Galería de Arte de Alianza Francesa de Buenos Aires, Córdoba 946.

Laura Isola
23 de abril de 2004
Página/12

Multiplicidad de miradas
De formación tradicional que arranca en las Escuelas de Bellas Artes Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón y se continúa en París y en Londres en la Slade School of Fine Arts, se desprende una fase de intensa experimentación donde la técnica irrumpe con vigor en los primeros óleos , grabados y serigrafías de Nora Iniesta. Muestra de ello es la obtención del Premio Braque en Dibujo en 1980, siendo muy joven.
El conocimiento profundo de la técnica deja paso a la ruptura en sus collages que –casi como en un juego- apuestan a búsquedas y azares en letras, planos de color y vacíos.
Se multiplican las alternancias y las miradas, la obra de Iniesta aparece en banderas e (instalaciones) en espacios públicos y de allí se repliega en lo conceptual y lo minimalista.
Los objetos cotidianos, standard, comunes; los objetos “dados” estallan en preguntas y metáforas: las bandejas, las muñecas, las fichas de dominó, todos “hablan” desde un lugar diferente del inconsciente, de la memoria, de la propia historia.
Materiales duros, blandos, mármol, madera, hojalatas, telas, plásticos, todo vale en una estética provocadora que desafía lo corriente. Una estética que tensiona los límites y acecha lo establecido, lo “artísticamente correcto”. Evita, Frida Kahlo, la Mujer Maravilla, iconos de lo femenino, se resignifican en corbatas, collages, platos y serigrafías. Nora Iniesta multiplica el arte en producto - sin desvirtuar la creatividad y sostenida en la sólida red de una depurada técnica- en vestuario, en diseños de la vida doméstica, en objetos de usos múltiples.
Hoy la expresión de la artista interpreta el tiempo argentino de las instituciones. Y las “sagradas” y cuestionadas instituciones aparecen puestas en crisis, en el eterno azar –constante presencia en la obra de Iniesta- en irreverentes campos de juego que abren interrogantes a la historia, que hacen que el arte- una vez más- adelante las respuestas.

Lucia Capozzo
3 de junio de 2003

Distinguió Bellas Artes a la artista Nora Iniesta
Nora Iniesta recibió una mención en la segunda edición del concurso co-organizado por el Banco Ciudad y el Museo. También participó en una muestra internacional de escultura e instalaciones al aire libre, en el Lido de Venecia, dedicada a artistas mujeres, entre ellas Magdalena Abakanowicz (Polonia) y Niki de Saint Phalle (Francia). En esa muestra -auspiciada por la Galería Daniel Maman-, expuso la instalación Nada es para siempre, una alegoría sobre la identidad, que había sido expuesta en la Primera Bienal Internacional de Arte de Buenos Aires, en el 2000.

Una fotografía de fines de los años 40 y un autorretrato con sus hermanos fue la imagen de su propuesta. “Un camino que es imposible desandar, un trecho que cada cual ha caminado: la vocación elegida, un país donde decidimos vivir, desarrollarnos, crear, crecer. Allí se cruzan la identidad, la pertenencia de la más querida Patria: la nuestra”, dijo la artista. “Nada es eterno, nada es para siempre. Pero hay un punto de partida –dijo el crítico de arte francés Pierre Restany-, algo que va modificándose, y, a la vez, que persiste a través del tiempo”.

Aunque es preciso observar que sus recuerdos de la infancia no son nostálgicos sino que se proyectan hacia el futuro. “No hay otros paraísos que los paraísos perdidos”, es la cita de Borges que inicia la presentación del catálogo. Una mirada hacia el pasado desde el hoy. “Venimos por esa continuidad por aquello dado –mis hermanos, mi familia-, hacia una bifurcación donde cada cual tomó un camino diferente. Pero de alguna manera vengo de ellos. Todos somos como un cuerpo, como un solo ser a partir del cual uno puede ponerse a trabajar. Por supuesto, en su propio lenguaje”, agregó.
Sus obras se enlazan con el mundo de los juegos con sus hermanos, aluden al azar en su historia personal. El mundo de su infancia y los elementos que la rodean (los juegos, los recuerdos, las manualidades) conforman el universo del que extrae sus imágenes.

Sus primeras obras estaban guiadas por preocupaciones formales: relaciones de las figuras en el espacio, tensiones entre éstas y los fondos de una composición. Pero a medida que avanza su búsqueda, aparecen imágenes reconocibles, que forman parte de un nuevo universo ligado a lo lúdico y lo cotidiano. Sus collages exhiben números de lotería, figuritas escolares, y sus objetos incorporan muñecas y fotografías antiguas, que aluden a los afectos y a la memoria de la artista, pero también convocan la sensibilidad del espectador.

Ya en su serie “La mesa está servida”, objetos cotidianos como bandejas y platos, asociados a la actitud femenina y maternal, recuperan las cenas en bandeja, de su casa cuando era niña. Sobre las bandejas, las fichas de dominó y los dados, que se enlazan con el mundo de los juegos con sus hermanos, aluden al azar de su historia personal. Las cuentas de fantasía, que la artista-niña cosía junto a su madre en pulseras y collares, hoy se han transformado en metáforas de su quehacer estético que enhebra perlas de tiempo. En su muestra del año pasado en el Museo de Bellas Artes presentó fragmentos de obras realizadas en distintas etapas, pero unidas por un hilo conductor.

Formación
Iniesta se formó en Buenos Aires, donde inició sus estudios de arte en la Escuela Manuel Belgrano, y luego prosiguió en la Prilidiano Pueyrredón.

En los años 70 se trasladó a Londres, para realizar un Master en la Slade School. En 1980 obtuvo el Premio Braque de Dibujo. Durante su estadía de tres años en París, estudió, trabajó y participó en la Bienal de Jóvenes Artistas. Cuando en 1981, expusimos una muestra del Grupo CAYC, en el Palais de Beaux Arts de Laussane, junto a su director René Berger y al crítico norteamericano Clement Greenberg, Iniesta participó en un coloquio organizado en esa ciudad de Suiza. Su obra se complementa con trabajos de diseño, ilustración, vestuario y decoración. Pero lo más importante para ella son los recuerdos, el mundo de la infancia y sus juegos. Campo de juego –Puntapié inicial, es la propuesta distinguida en el Premio Banco Ciudad, que se presentará el 12 de diciembre en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Por medio de una maqueta representó una alegoría: un gran partido por jugar. Uno de los arcos del campo de juego, es una réplica de la fachada de la Casa Rosada. Los banderines han sido reemplazados por banderas de gran tamaño y los colores están desgastados por el paso del tiempo. El campo de juego vacío remite a la ausencia, a la falta de figuras protagónicas. Pero la pelota alude a un partido por comenzar y a la esperanza.

Iniesta también expuso en Seúl, mayo-junio del 2002, junto con otros veinticinco argentinos, a raíz del mundial de fútbol, estandartes de grandes dimensiones, al aire libre, que se presentaron primero en Buenos Aires y luego en Corea.

Jorge Glusberg
Diario Ambito Financiero
5 de Noviembre de 2002
Buenos Aires

En Bandeja
La serie de trabajos que Nora Iniesta tituló “La mesa está servida” lleva bandejas o platos como soportes y perlas, fichas de dominó, bolillas de lotería y cuentas de fantasía como materiales que se mezclan y evocan un mundo infantil.

Su foja de servicios como artista plástica ocupa páginas enteras de catálogos y más catálogos. Decenas de muestras y de premios, y una cantidad considerable de obras suyas en museos argentinos y extranjeros dan una idea del espíritu que anima a Nora Iniesta a hacer lo suyo, a mostrarlo y a defenderlo.
La expresión “foja de servicios” tal vez no sea irónica sino ajustada a lo que ella cree que es el arte, “un servicio, porque sirve”.
También la servían a ella y a sus dos hermanos mayores, cuando en la vieja casa de Lomas de Zamora, los días de mucho frío, después del baño su madre los mandaba a la cama y les llevaba la cena en bandeja.
Ese elemento es el que desde hace un año Iniesta rescató como soporte de una serie de trabajos en los que enlaza lo femenino, lo lúdico y lo infantil, y que lleva por nombre “la mesa está servida”.

- Algo en bandeja es algo servido, algo fácil.
- Algo muy placentero. Eran un lujo esas noches en las que en esa casa grande y fría mi vieja nos llevaba la comida a la cama.
Esta serie nació, como casi todas las cosas que hago, a partir de un encargo –de Andreani- que se nos hizo a seis artistas que veníamos incluyendo juguetes en nuestras obras. Me vinieron las bandejas a la cabeza, que yo asocio con esa actitud femenina o maternal, ese deseo de servir, de agradar, de halagar. Primero trabajé con las circulares, después llegaron las rectangulares, y los platos, los de sitio y los comunes, que a veces en marco en bandejas de mozo.

- ¿Qué más te despiertan las bandejas? Como objetos, son muy fuertes.
- Sí, por lo cotidiano y al mismo tiempo porque eso cotidiano está alterado. Yo uso las bandejas como espejos: las levanto y me parece que puedo mirarme. Lo que hago con ellas es armar objetos en los que lo infantil está muy presente. La idea es mirarlas y reconocer algo.

- Los elementos que hay sobre las bandejas también tienen mucha fuerza evocativa. Dados, perlas, bolillas de lotería, fotos...
- Los dados, las bolillas de lotería, las fichas de dominó... todo eso tiene que ver con el azar, con lo imponderable de la vida. Yo en lo personal no estoy muy pendiente de eso, pero si reviso mi historia, hago memoria y advierto que las cosas más importantes me pasaron azarosamente. Fueron encuentros laterales que por una cosa u otra se volvieron columnas vertebrales de nuevos proyectos.

- Pero además de remitir al azar, esos dados o fichas también pueden asociarse con otra manera de estar en familia, con juegos familiares.
- Claro, con mis hermanos jugábamos esos juegos, pero en una mesa oval. A propósito del nombre de esta serie, “la mesa está servida”, me di cuenta de que en mi casa, hoy, desayuno, almuerzo y como en la pequeña mesa de madera que teníamos en la casa de Lomas de Zamora. La mesa de la cocina quedó para mí. Hace poco recordé que precisamente en esa cocina y en esa
mesa empecé muy chica a hacer mis primeras composiciones artísticas. Mis padres y mis hermanos salían a trabajar, y yo, con lo que hubiera en la heladera, me dedicaba a hacer la comida –todo frío, no podía usar el gas-, a esperarlos con fuentes decoradas. Cosas simples, pero lo hacía con un sentido estético: untaba el pan lactal con mayonesa, cortaba perfectas rodajas de tomate y las cruzaba con anchoítas.

- ¿Y las perlas, las cuentas de fantasía?
- Hasta que yo tuve once años mi padre era viajante. Pero entonces, en Mar del Plata, le robaron el auto con toda la mercadería adentro, cosas que él todavía no había pagado. Fue muy fuerte para nosotros, hubo que empezar de nuevo. Y mi madre, que había dejado de trabajar al casarse y soñaba con volver a hacerlo, aprovechó esa oportunidad. Mi papá empezó a vender bijouterie, y mi mamá la hacía, la presentaba, la envolvía. Yo la ayudaba. Desde esa época me recuerdo cosiendo junto a ella pulseras, collares y broches sobre pana amarilla, que era como mi padre la mostraba a los comerciantes. Mi mamá tenía un sentido estético muy desarrollado: ahí aprendí a tomar contacto no sólo con las perlas y las piezas de fantasía, sino también con los papeles, con los cartones, con las cintas, los moños.

- ¿A qué edad empezaste a dibujar?
- Lo mío, desde muy, muy chica, fue el color. Ya a los seis años participaba en concursos de manchas. Pero creo que nunca dibujé muy bien. Me gusta componer, mezclar elementos. Y todavía ahora, sigo juntando elementos que me interesan, sin saber ni para qué ni cómo voy a usarlos. Después veo. Sigo juntando cosas –papeles, cartones, latas, figuritas, peines- para después trabajar con lo que hay.

- Como cocinabas con lo que había en la heladera.
- Claro, sigo haciendo eso. No me interesan los mejores materiales ni los más caros. Sí, me gusta crear desde lo que tengo. En la vida me pasa lo mismo: mis mejores momentos los he pasado en lugares en los que había algo de carencia. Cuando está todo dado, me quedo sin saber qué hacer.

- No te hubiesen llevado la bandeja a la cama si no era por el frío.
- Y en la casa, ahora que recuerdo, que era una planta baja sobre la que había otra casa, a los cinco años yo jugaba en el patio. Sobre mi cabeza había un rectángulo de cielo, que era como mi propia ventana. En lugar de mirar para afuera, miraba para arriba. Y si ves mis trabajos con bandejas, en muchas hay ventanas, pero un tipo de ventanas que no siempre dan afuera.

- A veces dan adentro, otras veces al pasado.
- Sí, por eso en algunas pongo fotos antiguas.

- Vistas de otra manera, tus bandejas a veces parecen tortas de cumpleaños, decoradas con granas.
- ¿Ves que todo remite a lo mismo? Decorar una torta con granas, servir algo en bandeja, arreglarse con perlas. Los adornos siempre son para hacerse querer.

Sandra Russo
Diario Página/12 – LAS/12 – Mujeres en Página/12
24 de marzo de 2000
AÑO 2 Número 102